
Dicen que no se debe creer en brujas, pero de que las hay, las hay; así mismo se habla de animales y seres fantásticos como los unicornios, hadas, sátiros y suegras buena gente, sin embargo hay personajes fantásticos de los cuales se puede hablar sin hacer una abstracción mental muy extrema, como el que vengo a describirles. Este personaje era una cosita bonita, chiquitica y tierna, se trataba de una especie de cordero que solo puede pastar en los vastos campos de la imaginación, cuya lana es tan mágica como inservible, pues al mero contacto con el agua se disuelve, pero confiere un deseo a quien porte una prenda de tan peculiar material; recuerdo una historia de esta lana de hace mucho tiempo sobre un chico que conoció una chica en una tienda de ropa barata, se gustaron, se conocieron, se tomaron, se besaron, sí; todo allí en la tienda de ropa, en eso de 5 minutos, al sexto ya eran novios y al séptimo empezó a llover, ella preguntó que si no le apetecía un beso bajo la lluvia, el asintió, ambos salieron estrenando las prendas baratas de lana de cordero mágico, en tanto se besaron desapareció la ropa y quedaron allí en medio de la calle.