Puedo comenzar, porque quiero, a escribir con las iniciales de tu nombre, para que así, pueda tener de consuelo el abrazo de las letras, que no son tus abrazos, que ya fueron el más cálido consuelo de mi llanto.
No puedo discernir entre lo real y lo que me invento a solas cuando siento frío. Pasan los días y no cesa la pena de vivir una eterna pausa en donde ardo, siendo ceniza, hace ya mucho.