Bajo el velo del alba, en el ocaso
de la inocencia, mis ojos se posan
sobre tu ser, diamante encarnado,
mi corazón palpita, y se desboca.
Jardín de mieles y sombras,
donde mi alma navega sin norte,
en cada curva, en cada recodo,
encuentro el éxtasis, mi deleite.
Allí, en la penumbra de tus secretos,
se alzan vestigios dorados,
lazos certeros,
que encienden mi pasión en fuego.
Tu dulce armonía,
donde mi mirada danza sin prisa,
descubre un velo sutil, bordado de brisa,
caricia que promete dicha.
de piedra pura escultura,
en la gracia de tu andar, en tu esencia,
reposa un clamor, cual musa y cordura,
en tu mirada hallo la lascivia y la ciencia.
En la quietud de la noche, en su sombra,
te pienso, te anhelo, y en mi martirio,
tu piel, tu aroma, escapan de mi
son fuego en mi ser, dulce delirio.
por ti mis labios resuenan de anhelo,
sienten el clamor,
invitación dulce a mamar el cielo,
que en su forma mis deseos labran
Tus cumbres de tentación,
en mi mente graban su eternidad,
en su redondez, me miran,
me invitan, son mi verdad.
El fulgor consumido,
en cada rincón divino,
se vuelve mi único camino,
mi oración, mi deseo, mi sueño
mi culpa y mi castigo.
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