De entre lo más oscuro, tomé una parte,
la pulí y reservé con esmero.
Hice un cojín con las plumas de mi pato,
y una torta con las zanahorias del huerto.
Regué cada día con amor,
cuidé del sol, las plagas y el invierno,
sin darme cuenta que consentía
tierra sin semilla,
hogar sin familia,
guerra sin asueto,
Agua salada para la sed
me ofreciste, aún sabiendo,
y yo, la derramé
y agradecí, por tener
donde contener mi llanto.
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